Recuerdo

Las palabras no podían mover montañas,
las palabras no servían siquiera para abrir mi puerta.
Pero cuando te fuiste
las salvé metiéndolas en el calor
como a pajarillos desvanecidos al golpearse
contra la ventana.
Y nunca se cansan de cantar.
Y siempre las estoy escuchando.

Eila Kivikkaho

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