Wreckers: Coast of Northhumberland

What they save from the wreck
is indistinct, and the sea on the glistening sand
could just as well be sky. Or rather, three
elements, earth, water, and air, are seen to take

the properties of mist, and so dissolve.
The people themselves, as they haul junk from the waves,
seem a kind of dark, scriptural weed
destined, like the spars they grope for, to revolve

in tides endlessly turned back on themselves.
If they lured the ship, they are towed in turn
through foam by the shapes they save.
The sea lunges in from distant shelves

yawning for plunder, hurls itself at the shore
as bridal spray. A cloud
gapes its vast jaw over the ship
foundering on the horizon. Nothing more

can be saved from this scene. It is all
already lost, no sooner seen
than shrouded, the lucid brush
mingling, like the vague wreckers, possession and memorial.

Rosanna Warren

Víspera

Qué rara luz, diría alguien que viera
esta ceniza azul, este silencio
desabrido del cielo.

Qué rara luz la de esta tarde oscura
de otoño de otro mundo en pleno agosto.

Qué rara luz la de este eclipse de alma
si has de cruzar el mar.

Si has de cruzar el mar
y el incendio de todo lo que has sido
para llegar a lo que no te espera.

Si has de dejar atrás lo que no sabes
si habrás de echar de menos, decidido
a no permanecer siempre sentado
ante el mismo paisaje,
lo que hoy eres.

Si te arde el corazón como un olivo griego,
pero a ti de impaciencia.

Si has decidido irte,
no mires hacia atrás.
no mires más lo que has mirado tanto
y tal vez nunca has visto.

Y si alguien te pregunta
si es que no te da pena o miedo o vértigo
dejar aquí colgadas
ocasiones y voces de los sauces,
diles que no, que la pena es quedarse
muriéndose de sed a orillas de una fuente.

Las lágrimas no sirven para apagar incendios.

Juan Vicente Piqueras

me enseñaron tres
nombres para el árbol frente a mi ventana
casi al alcance de la mano, elástico

de ardillas, bancos de memoria, hogares.
Castagno se lo tomó a pecho, sus vainas

como huérfanos se aferraron allí donde aterrizaban
apoderándose de cada pedacito de sombra

en el ruedo. Chassagne, en días de más viento,
nervioso en su vestido de tafetán,

susurrante, a punto de volverse
anárquico, aunque bien educado.

Y finalmente castaño, pálido y limpio por los golpes
de todas las reservas internas

llamadas a efectuar su parte justa del trabajo.
No era la clase de árbol

que se aborda por descarte—imagínense—, ni uno
en el que sólo la última hoja

era leal. No, éste
era todo primera persona, y yo

era el tallo, sostenía entero en mí misma
el ramo de los tres,

a la vez dando y recibiendo: los más pequeños mapas
de rutas de la coincidencia. ¿Cuál es la idea

que gobierna el florecer? El árbol humano
vestido con sus sustantivos, o éste

justo al lado de mi ventana, prometiendo con más firmeza
de la que es posible

que alguna vez alcanzará mi alféizar, las hojas
silenciosas como deseos suprimidos, y yo

un nombre entre ellos.

Jorie Graham

ayer planté una flor brillante
y me quedé absorta escuchando el mar
dejando que los árboles
hicieran su trabajo con el mundo

ayer también nadé tratando de tener las únicas palabras que me amaban
en la boca

y me abracé a una roca y fui tan libre

Isabel García Mellado

hay gente que te dice
que por qué
que intentan abrazar tu incertidumbre
y tú, un pájaro ya sin fe
este pájaro azul
que no sabe posarse
sino en mí
y obligarme a mirar
un mar con horizonte y a llorar
como si no hubiera otra manera distinta de vivir
más que la de ir conmoviéndose
con todo lo que ocurre

Isabel García Mellado

Nada más

Escribir un libro que duela
como duelen las cosas más hermosas.
Que la memoria diga, al mismo tiempo,
toda la dicha y toda la nostalgia
de lo que ha sido puro. Nada más.
Mientras ladren los perros,
mientras se envuelva en seda la crisálida,
devanar el ovillo, ir afilando
la rueca e ir tejiendo una noticia
en cuyo centro quepan los relámpagos
y el barro del camino. Solo así
será posible darles un sentido
a estas palabras broncas y deformes
con las que luchas. Solo así
conseguirás que Jano y los demás
dioses de la ciudad concedan
que en verdad has vivido
y que fue hermoso y que dolía.

Andrés García Cerdán