ayer planté una flor brillante
y me quedé absorta escuchando el mar
dejando que los árboles
hicieran su trabajo con el mundo

ayer también nadé tratando de tener las únicas palabras que me amaban
en la boca

y me abracé a una roca y fui tan libre

Isabel García Mellado

hay gente que te dice
que por qué
que intentan abrazar tu incertidumbre
y tú, un pájaro ya sin fe
este pájaro azul
que no sabe posarse
sino en mí
y obligarme a mirar
un mar con horizonte y a llorar
como si no hubiera otra manera distinta de vivir
más que la de ir conmoviéndose
con todo lo que ocurre

Isabel García Mellado

huyes
de las princesas, de las constelaciones, de los momentos con sol

eres
una representación de todos los días
que baja a comprar el pan con los labios pintados
y se da cuenta de que en algunos segundos concretos de pronto todo tiene sentido

y ya

Isabel García Mellado

una vez conocí un hombre
y luego se murieron todos los hombres
años después llegaste
luego de desandar todo el camino
para reconocer que tenía miedo
un miedo superior a las ciudades
así fue como supe
que ya solo me sirven los jerseys de tu número que sólo me conozco en tu olor en mi hija
que este miedo de ahora
a tu lado es bellísimo

Isabel García Mellado

suben los pájaros
están desvencijados
alguien ha reprimido sus dolores durante demasiado tiempo

y hay un lazo azul
que une varias de las situaciones a las que quisiste renunciar

y hay una mesa
con una niña pálida y huesuda que pone todo su empeño de bebé en aprender
a sonreír

Isabel García Mellado

tiene que haber un lazo rojo en algún sitio
entre los hospitales inmensos fantasmas
se ve un anciano tremendamente sólo
que se pregunta cómo ha llegado hasta aquel sitio
yo busco desesperada el lazo rojo y no lo encuentro sé que tenía un color muy intenso
y me da miedo que pierda algo de brillo
el anciano arranca a llorar como una locomotora
y no entiendo por qué no quedan nubes y él está triste mi sombra se encoge al recordar algo
del cielo cuelgan frases como ropa tendida

“rompimos los relojes”
y tú al final de un túnel del que salí reptando con tu mirada limpia me devuelves la imagen: soy yo, tengo tres años, bailo muy torpemente mi pelo está enredado en un lazo muy rojo beso una foto antigua que contiene tu rostro
el viejo en la ventana me observa atentamente y se sonríe

Isabel García Mellado

cuando llegué a la montaña ya era vieja
y no sabía correr

pero esas flores
tan brillantes
me dijeron:
“tu vida ha sido así,
tú has sido feliz a través de todas las cosas”

pensé en la diferencia entre “a pesar” y “a través”

las flores
sabían demasiado

Isabel García Mellado

toda la humanidad en pie que se interroga
porque un niño ha hecho una pregunta tan grande
que el sol no se atreve a salir
y han tenido que poner hilos de seda de edificio a edificio, de ciudad en ciudad, con farolillos blancos y amarillos luego se han acabado los edificios
y han colocado luces azules
pequeñas y redondas
por el suelo
la pregunta sigue atravesando pesadamente el mundo pero nadie se atreve a soltar prenda
y las ciudades se acabarán también
y quedarán desiertas las oficinas
los cuartos de invitados, los amables vecinos
los días hace rato que no existen

un silencio profundamente herido lo envuelve todo creemos que si hubiéramos pensado antes en esa pregunta no habría sucedido nada de ésto
pero todos callamos
como calla la culpa

Isabel García Mellado

así luego también detrás, donde el dolor
donde está la mujer que ya es mujer
abriendo las ciudades como las medicinas
sin pensar demasiado en lo que hace
en esa silla en esa manta en cuando se paró todo
y la lámpara iluminaba sombras de cuerpos que dolían en las paredes
el cuarto se hacía cada vez más pequeño
nada nos ayudaba a respirar mejor
ahí, detrás de la puerta, abriendo el día como una carta que hubiéramos querido que no llegara nunca
un nombre de mujer viaja en un avión lejos
muy lejos de este ahora

Isabel García Mellado

estuve mirando
en las fotos
que nos habíamos hecho durante todos estos años

hay una conclusión en la repisa pero yo no quiero alcanzarla

sólo quiero reposar aquí, contigo
con nuestro dolor bien a mano
y nuestra hija muy viva
en el lugar que ella haya elegido

las lágrimas son parte de mí
el bosque es parte de mí
el viento siempre ha conocido mi alma, por eso soy así
y no necesito que me digas
lo que crees que quiero oír

por eso he crecido tanto
que las montañas son mis hermanas y los pájaros se alegran
tanto de verme

y tú estás aquí
tan cerca mío como mis ganas de llorar

y los besos han pasado
por diferentes fases de cocción y todos eran buenos,
mi amor,
mi amor de arcilla

eres un tronco negro de árbol, un tronco fuerte como
mi vida
tú me agarrabas y me sorbías

y me colgabas luces en el pelo, en el pecho y la garganta tú me convertiste en sangre
tú amor mío

eres mis lágrimas
yo he parido a tu hija

yo te amo
como a un país
como a un dueño
como al líder del movimiento obrero

amor, amor mío
amar tu historia me hizo rica

escucharé cómo se te caen los dientes y cuando llore a tu lado:
recuerda

tú eres el árbol viejo que en mi espalda creó vida

 

Isabel García Mellado

la calle se enciende como un fósforo
y huele a flores blancas
las mujeres son crines salvajes
y los hombres humo,
el mundo está firme en sus dudas
se oye una carcajada que lo rompe todo a la mitad y sin embargo sé
que hay un lugar para sentirse a salvo

Isabel García Mellado

aterrizo en tu entrada una vez más
yo tan oscura, animal asustado
y quebradizo
un pedazo de luna en mi forma de amar y en las pisadas, doblando los papeles para que sean barcos en que fugarnos juntos sintiendo tu calor cada vez que no existo
y queriendo gritar
que algo tan hermoso nunca requerirá redes
tú me alisas la piel
y entras dentro de todo lo que quise esconderme,
lo iluminas y nombras,
me quieres animal, azul, ola, real
hasta amapola me quieres
siempre fuiste capaz de abrazar mis suicidios
y devolverme al mundo
yo vuelvo a aterrizar donde tú una vez más
con esta flor tronchada

que es todo lo que tengo, y te la ofrezco

Isabel García Mellado

ayer rompí a llorar
estaba vestida de rojo enfrente de un colegio
y veía miles de niños correr

con todos sus corazoncitos latiendo a la vez
y yo empecé a llorar
y nada podía detenerme lloraba y lloraba hipando

y mis ojos tenían churretes negros bajando por mis mejillas
y mi boca rojísima

me tragaba las lágrimas
y yo, agarrada a
un pañuelo blanco, diminuto, retorciéndolo entre mis manos blancas y escuálidas

sin poder apartar la vista
de todos aquellos corazones

cada risa de niño
me hacía llorar más y más

y se me inundaron los zapatos

una niña descalza
se me acercó con su cara de 10 años
y me dijo
“no te preocupes, no vas a necesitarlos” y yo quise acunarla
para que pudiera jugar
en lugar de cuidar de
extraños que lloran
enfrente de un colegio
pero sólo pude
seguir llorando
y darle, lentamente,
dulcemente, como si el mundo fuera azul y su cara oliera a pan recién hecho,
las gracias

Isabel García Mellado

 

necesito más mujeres, todas,
con sus gritos con su inmensidad de ola la historia a lomos de una bestia roja, que vengan
enteras, vacías, manchadas de barro
y enciendan estrellas

y yo
sepa encontrar al fin algo de calma apaciguar montañas, cicatrices, que sean
que crezca la yerba
y yo
pueda reconocerme al fin en ellas

Isabel García Mellado

vinieron los hombres que dibujan sombras nadie sabía cómo llegar al bosque
y la muerte tan cerca
que las voces se convirtieron en banderas ninguna persona fue más que otra
el tiempo solía crecer
al otro lado del campo de trigo
algunos lo cruzaron arriesgándolo todo otros han conseguido castillos de cristal en los que ahogarse
y todos, por la noche,
dudan de aquel invierno
en que empezaron a creer
y les crecieron caminos
mutaron los paisajes, los idiomas,
todo se hizo más real y más pequeño: sólo quedó una estrella,
sólo una

Isabel García Mellado