Esas mujeres

A Itzela Sosa

Esas mujeres de piel distinta

y sangre renovada.

Esas mujeres con leucemia repetida,

entre la sed de sobrevivirse.

Mujeres abiertas,

sangradas, cubiertas.

Mujeres de palo, de maíz,

de alcoba cerrada,

con manos escondidas

y viento en los ojos.

Mujeres extrañas,

entrañas,

de verso obligado, a medias y secas.

Mujeres de frente, de lado, de revés,

en otro tiempo, en otro cielo.

Esas mujeres caricia sin tacto,

paladares en choque sin sonido.

Esas mujeres

frente

a otra mujer.

Jasmín Cacheux

La nostalgia

La nostalgia debe llamarse faraona,

debe ser un poco virgen, un poco puta,

estar muerta, arrojada.

Debe llorar cuando no la encuentran,

a tragos grandes, con café y de noche.

Llamarse cielo verde, reventarse,

almidonarse las solapas y salir por la boca,

tragada, masticada, invertebrada.

La nostalgia debiera amarrarse al cuello,

apretar de a poco,

arrugarse,

parirse por el ombligo,

matarse a carcajadas.

Jasmín Cachaux

La muerte del poeta

Como un siglo vestido,

la oquedad hondea mis razones,

tiempo de gloria y ocaso.

Las otras tres, aquellas lejanas,

danzan un sueño

en el suelo ovillado.

Dime, poesía:

¿cuántas razones te bastan para tu piel descalza?

Lengua titubeante y celosa,

muerde la abadía y el polvo: ¡Danza!

Rasgada con tu sed,

haz de mi sueño un retorno a paraísos

(escrutinio de abriles consumados):

en mi tarde de invierno

la boca en flor.

Jasmín Cacheux

Lenguaje

Hay un lenguaje silencioso,

que va de la piel a tus ojos,

que rasga las ventanas

y rompe las paredes.

Hay un lenguaje silencioso,

de viento, de roca,

palabra de poeta.

Lengua vertical,

de barro y de cristal,

que nace entre tus piernas:

pez bailarín, danzante.

Jasmín Cacheux

Sorbos

Beberé el silencio cuando me haga falta la palabra.

Seré, entonces, golondrina clara, sílaba en penumbra.

Ni voz ni llanto habrá en mis agujeros,

no más muerte para mis ojos muertos

ni más sal para mis venas.

Beberé el silencio cuando no encuentre razones.

Aguaestrella, dulce luna que despiertas a mi almohada

deja que mi voz se obture para tu quebranto,

para tu miseria.

Noche de azules desteñidos, hasta gris, hasta ti.

Beberé el silencio cuando me haga falta la palabra,

y no estés tú y no haya nadie, sólo entonces:

lo apuraré lentamente, sin preguntar cuánto falta.

Entre tanto, esta noche es de marzo

sin más voz (sin más de vos) que la de mi madre.

Jasmín Cacheux