Carta final a Noemí Ulla

Espérame una vez más.
La última.
Mientras andamos
vendrá otra noche asolada, tal vez,
por todo aquello que no supimos evitar.
Dueño aún de los terrores
con que usurpé tu vida
me he convertido humildemente en ellos,
y así me fortalezco
con mil debilidades y un oriente.

Pero no es eso
sino un pasaje
—que de algún modo abarcará sin duda mi existencia-
de doloroso tránsito y secreto sentido
lo que diré.

Nada te me recuerda.

Ningún aroma
de los que ardían en tus labios
me circunda.

Nadie me acerca
ni una fugaz versión
de los dulzores de tu piel.
Nuestras noches
se han perdido en la noche.

Toda la claridad que huía
de tus manos a tus ojos
ya no tendrá regreso.

Y el ademán equívoco
que en la pasión y en la angustia
nos deparó tormento
se remansó en sus viejos cauces.

Y sin embargo
blanca y mortal como una espada
tu ausencia me preside
¿cómo explicarlo?

Fuiste la dura legitimidad de mi fiebre.

Aldo Oliva