Alma mía, no aspires a la vida inmortal
pero agota el campo de lo posible

(Píndaro, Piticas, III, vv. 109-110)

Alma mía, no quieras más que lo que amas.
Mira este objeto lento y luminoso
que tengo entre mis dedos. Es un dibujo
sobre una copa griega donde hubo vino.
Nada hay más semejante al destino de un hombre
que el destino de un héroe.
Lo heroico es tener destino.
Mira en este dibujo griego,
el milagro fijo y móvil de lo humano,
transitorio y perfecto, como un guijarro.

En esta copa, alma mía,
semejante a un cráneo
cabe toda la sangre de la humanidad
porque en un solo cráneo caben todos los hombres.
Se parece a una antigua caverna
porque en una caverna sueñan todos los hombres.

Bebe, alma mía, de este vino humeante
hecho de soledad, de trabajo en la carne, de meses
y años pisoteando sobre el lagar
la materia de los recuerdos.
Sobre el cráneo donde brilla reclusa
toda la ancha esperanza de mi vida.

No quieras más que lo que amas.
Muere, si es necesario,
por defender la carne de mis años;
anda al ruedo donde bostezan los leones
sedientos y tiránicos
y pon tu poesía bajo la uña del tiempo.
Cae, en fin, como un hombre
hasta la soledad donde están todos.

Ludovico Silva