Deja que suene,

eso que late no es una canción

pero necesito que sigas bailando.

Es tic tac,

pero no es reloj.

Es timón,

es acantilado,

es billete directo al pasado.

Con razón

el corazón

suena a muro taladrado.

Creo que a estas alturas,

he de ser honesta conmigo

y reconocer

que la primera vez que dudé de lo que estaba sintiendo

fue cuando pensé al mirarte:
no te vayas,

o al menos no lo hagas,

todavía.

Qué manera más extraña

de decir “te quiero”

tenemos

aquellos que venimos

lamiéndonos

agotados

las heridas.

 

Loreto Sesma

Anuncios

Juego a ahogarme con tu saliva,

Uniéndonos los puntos impares y convirtiéndolos en

binarios.

Dudando entre si me curas o escueces.

Antes de que me vuelvas a besar,

Sé que me habrás negado, ya serán dos veces.

 

Loreto Sesma

Vengo de una rutina de silencios,

de miedos tintineantes,

de complejos que acabaron convirtiendo el oro en barro.

Me dijeron que el futuro se labraba,

y yo por mucho que miro

sólo encuentro temor

y ningún motivo

para seguir contando mis pasos.

¿Por qué el camino

para que cuente como vida

se ha de hacer llorando?

Loreto Sesma

Qué difícil es el amor para los hambrientos.

Invento una amargura,

un tormento que llueve

y no son mis miedos,

sino vuelos incontrolables los que me impulsan.

Creo que querer ha de ser una constante,

por eso ahora se me antojan pestañeos,

segundos volátiles.

El despegue lento de un gemido,

cerrar los ojos,

ahogar el grito en una almohada

y que esta vez no sea sollozo

sino canto

de madrugada.

Cómo me atrapa

y me quema la piel y los huesos

la vida en excesos,

los besos prohibidos,

el hambre del otro

Que no puedes ponerme en los labios la miel,

porque tengo la saliva hecha de hielo.

Que no puedes decirme “te quiero”

sin que te pregunte después “para qué”.

Fabriqué excusas para planear la huida,

no entiendo de vuelos

pero sí de caídas.

Un día de estos,

cuando se vierta en la copa el recuerdo,

te acordarás de mí.

Vendrá mi risa como un disparo,

un desgarre de guitarra,

un cante de gitano.

Y en el último baile, pensarás:

qué fue de aquella chica,

de aquella chica que conocía aquella noche de verano.

Loreto Sesma