Nada de nada

Arráncame de la sospecha
de ser nada, más nada que nada.
No existe ni siquiera la memoria.
No existen los cielos.
Delante de los ojos una llanura nevada,
días no remunerables, cristales
de una nieve que se desvanece en el horizonte
–y no hay horizonte–.

Maria Luisa Spaziani

Entro en este amor como en una catedral

Entro en este amor como en una catedral,
como en un vientre oscuro de ballena.
Me succiona un eco de mar, y desde los arcos
baja un coro antiguo que se fusiona con mi voz.

Tú, elegido al azar por la suerte, ahora eres el único,
el padre, el hijo, el ángel y el demonio.
Me sumerjo a fondo en tí, al abrazo más esencial,
y tus labios continúan siendo sueños evanescentes.

Antes de entrar en el gran pasillo,
vivía alegre, por poco contenta.
Pero tu rayo de luz, como una espada inmensa,
relega en la nada todo eso que no eres.

Maria Luisa Spaziani