La espera

Si vienes para quedarte, dice ella, no hables.
Es suficiente con la lluvia y el viento sobre las tejas,
es suficiente con el silencio que los muebles acumulan
como polvo desde hace siglos sin ti.

No hables todavía. Escucha lo que fue
el cuchillo en mi carne: cada paso, una risa a lo lejos,
el ladrido del perro, la puerta del auto que se cierra
y ese tren que no termina de pasar sobre mis huesos. Quédate sin hablar: no hay nada que decir. Deja que la lluvia vuelva a ser la lluvia y el viento esta marea sobre las tejas, deja que el perro aúlle su nombre en la noche, que la puerta se cierre, que se vaya el desconocido, en este lugar nulo
donde yo muero. Quédate si vienes para quedarte.

Guy Goffette