Pérdidas

La mayoría de las pérdidas
agregan algo
un nuevo hueco o un silencio,
un espacio en un personal
archipiélago de islas

Tenemos esa diferencia
a donde ir – en sí misma
una sucesión de posibilidades.

pero hay otras pérdidas
tanto más allá de nuestro conocimiento
que dejan sólo agujeros
en los agujeros

como el fin de las largas y solitarias vidas
de los náufragos
creídos muertos por error

Kay Ryan

Espero curarme de ti

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se hizo de noche”… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”.)

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines

Contar un cuento

Es el país de Irás y No Volverás
donde los relojes marcan el invierno en punto
y sólo en tu memoria habría primavera
si tuvieras tiempo de recordar
Pero sólo hay tiempo para buscar a la reina blanca

Aquí se congela el corazón y no puede romperse
Aquí se congelan las fuentes del llanto
Aquí se congelan las palabras que designan cosas de colores

y sólo sobrevive la palabra de su nombre
Pero tú no sabes cómo se llama la reina blanca

Se sabe poco de la reina blanca:
que habita un silencio sin ventanas
que habita el castillo de Salsipuedes
que habita el lugar del frío

Se sabe poco de la reina:
que es completamente blanca
que ni pensando todas las rosas juntas
se podría armar un arrebol en sus mejillas
y que ni con todas las alas de todos los pájaros
se podría emigrar de su invierno en punto

Se sabe poco de ella
Pero no necesitas más para buscarla
Ni necesitas más para no encontrarla

Ulalume González de León

¿qué harás cuando no te duela nada?
¿qué golpe buscarás, qué herida?
¿quién hablará por ti?
¿qué palabras escaparán
para perderse en la niebla?

¿qué harás cuando el hambre
te deje sin fuerza y vacíe tus brazos?
vainas vacías de guisantes, tus brazos

¿qué harás cuando no te duela nada?
porque, ya lo sabes, hay días
en los que el dolor no embrutece
sólo acuna

pero
¿y si no hay dolor?
¿y si no hay siquiera dolor?

Isabel Bono

Voto de humildad

Claro que yo también ando perdido
y llego a donde voy sin darme cuenta
(cosa peor, me desconcierto
cuando me piden datos personales
o me llaman a secas por mi nombre).
Claro que yo también me vuelvo loco
apenas especulo crudamente
sobre los dos o tres problemas capitales.
Claro que yo también hago preguntas:
empiezo desde cero
y llego adonde voy con cinco ceros.
Soy uno más, otra garganta
o si prefieren, otro vientre.

¡Quién soy para dejar de ser lo que son todos,
para ya no pensar comunes pensamientos,
para salvarme de las trampas
por otros como yo dispuestas!
¡Quién soy para reírme del miedo general!

Todos entramos y salimos
a través de los mismos agujeros.
Habitamos en casas ganadas a la selva
por las manos paternas y maternas.
Crecemos en jardines cuyas plantas
arrullan a su modo nuestros huesos.
Repetimos umbrosos catecismos
y entre flores y preces olvidamos
la llama que nos tiende y nos recobra.
Nadie se libra de la ratonera
ni contra la remolda puede nada.
Ni yo, menos que nadie, me clareo.

Jaime García Terrés

Lejanía

Mis ojos no te han visto. Es el recuerdo
que he soñado de las llaves
sin tener cómo entrar o abrir la puerta
no era otra cosa que una foto imprecisa de mujer
en los aleros de algún tejado oculto
eran palabras en formación de algún extremo anónimo
haciendo tímidos sonidos o era yo
quien estuvo ahí
abriendo las ventanas y leyendo en el living
mezclando los sueños
como si fueran extraños tripulantes embarcados
de una ruta*
para romper la rutina
donde estabas antes.
mis ojos no te vieron
solo guardaban la imagen de un vacío
de armas hechas con páginas secretas
para sobrevivir o asegurarnos en el tiempo
que no había entre nosotros:
ahora no sé si volveremos
hay una higuera seca y otra vereda rota
y hay un aire de otro tiempo maldito
que se desplaza sin memoria sobre los días
¿de qué oscuridad procede?
¿con quién juega ese torpe torbellino del silencio
que nunca afirma nada?
¿qué buscará después?
he caminado sin ti
y no he encontrado en el fondo de los vasos la respuesta
ni la inquietante sospecha de la culpa
ni el alboroto de haber perdido todo:
tal vez quede en alguna parte otra pregunta
o una vida del principio o de este ahora
o siquiera el descuido posible de algún sitio
que nos habite en el recuerdo de algo vivo.

Yosie Crespo

Hombres, escúchenme,
yo solo quiero a mi papá

No me interesan
sus huevos partiéndose
entre mis muslos
sus pelos
la clara
frotándose en mis tetas.

No quiero que me sostengan
entre sus brazos
después de hacerme el amor

ni que me den una protección
no correspondida.

No quiero que me alimenten
si eso implica
que también debo alimentarlos.

Raquel Abend van Dalen

Puedo hacer lo que quiera

 

ir, si es mi antojo, por el camino de

las peleas de gallo o, el que lleva al Anfiteatro

de los Perros. También si me da puntada

adentrarme en la cuadra de los acuchillados

o cual Sísifo de las Pasarelas

cruzar los arrabales. Más encima

en la más profunda

en el acto más indisciplinado

dejar caer al cementerio

al Memorial que huele a desmemoria

y recordar y recordar y recordar

meter la lanza en los costados izquierdos

y derechos de las palabras

que ya expiraron.

Elvira Hernández

El simple gesto de irme

Esta noche en que todo es real, un estado del mundo,
Vivir es una palabra mal pronunciada pero bien escrita.
El silencio es la palabra más corta y el sentido más extenso de la verdad.
Tomo el vino que otro sirve,
la música insiste en su complicidad de beber.
Las horas pasan de una calma a otra
como de un túnel subfluvial a otro.
Viven y mueren en la misma calma.
La tristeza ha crecido casi a la par
es precaria e iluminada como una casa humilde,
es tranquila y espaciosa como la nada absoluta.
Yo me ocupe de esta ausencia, viví en ella.
En esta noche en que todo es infalible
como el cálculo mortal
de poner una piedra en el centro de una mesa,
la muerte es lo único pendiente.
Me siento en esa mesa que está detrás de todo.
La uso para llamar a mis muertos,
para rodearme de sus vicios,
para abrir la lluvia como el telón de un acto maldito.
En el centro de lo visible: lo invisible. Lo obstinado.
El que se dirige de todas partes, el bendito, el viajero
el que ensancha los caminos, el siempre mudo.
La piedra es blanca y está limpia
porque ha sido desenterrada de su corazón.
La tierra del corazón es antigua y es secreta.
Espero la herencia del padre,
montado sobre el león que mató al hijo.
El día es un animal sediento que viene a beber el agua
de mi corazón.
De dónde sacaré más agua?
De qué fondo o herida, de que hueco o trampa?
Brota como la sangre cuando es turbia y es lógica.
Me pinto, y mientras lo hago pienso
que este maquillaje también es mi fondo.
Que nada hay detrás de esta piel que estos rubores no griten.
Los labios rojos marcan el camino del odio
Los ojos están delineados pero la mirada sin delinear
Un hilo oscuro que separa un resto de ceguera
no despierta.
La sombra del mundo, su obstinado prejuicio empapa mis mejillas.
El tiempo es una injuria que ya no desmiento
Mis manos de trabajar están atadas
Mis manos de acariciar sin curtir
Mi historia es una desmemoria de lo que no incluí en ella
Mi nombre es la exclusión de los nombres
que no se atreven a nombrarme.
Esta noche, desde este centro y esta mesa
emprenderé el viaje,
pero no será más que un detenimiento,
una inmovilidad a cuestas
Esta noche
me iré por algo
que realmente me despierte
o por el simple gesto del irme.

Laura García del Castaño