Lo imprescindible

Uno aprende que lo imprescindible
no eran los libros
no eran los discos
no eran los gatos
no eran los paraísos en flor
derramándose en las aceras
ni siquiera la luna grande -blanca-
en las ventanas
no era el mar arribando
su rumia rompedora en el malecón
ni los amigos que ya no se ven
ni las calles de la infancia
ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada.

Lo imprescindible era otra cosa.

Cristina Peri Rossi

No es que el morir nos duela tanto –

Es el vivir – lo que nos duele más –

Pero el Morir – es un camino distinto –

Una variedad detrás de la Puerta –

La Costumbre Sureña – del Pájaro –

Que antes de que lleguen las heladas –

Acepta una Latitud mejor –

Nosotras – somos los Pájaros – que se quedan.

Las Ateridas en torno a las puertas del Campesino –

Por cuya miga reacia –

Pactamos – hasta que las Nieves compasivas

Persuadan a nuestras plumas a Casa

Emily Dickinson

he vuelto al camino de la soledad
al camino de la transparencia y la limpieza
he vuelto a los lugares inéditos
donde miedos milenarios pugnan por salir.
he vuelto
yo lo sé,
a la angustia de una noche que se acaba,
al poema terminado,
al silencio,
a mi vida.

María Emilia Cornejo

Para Emilio en su cielo

Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas;
tu nombre,
el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras;
el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;
mi infancia, tan cercana,
en el mismo jardín donde la hierba canta todavía
y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí,
entre los matorrales de la sombra.

Todo siempre es igual.
Cuando otra vez llamamos como ahora enó el lejano muro:
todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

¿Recuerdas la nevada? ¡Hace ya tanto tiempo!
¡Cómo han crecido desde entonces tus cabellos!
Sin embargo, llevas aún sus efímeras flores sobre el pecho
y tu frente se inclina bajo ese mismo cielo
tan deslumbrante y claro.

¿Por qué habrás de volver acompañado, como un dios a su mundo,
por algún paisaje que he querido?
¿Recuerdas todavía la nevada?

¡Qué sola estará hoy, detrás de las inútiles paredes,
tu morada de hierros y de flores!

Abandonada, su juventud que tiene la forma de tu cuerpo,
extrañará ahora tus silencios demasiado obstinados,
tu piel, tan desolada como un país al que sólo visitaran cenicientos pétalos
después de haber mirado pasar, ¡tanto tiempo!,
la paciencia inacabable de la hormiga entre sus solitarias ruinas.

Espera, espera, corazón mío:
no es el semblante frío de la temida nieve ni el del sueño reciente.
Otra vez, otra vez, corazón mío:
el roce inconfundible de la arena en la verja,
el grito de la abuela,
la misma soledad, la no mentida,
y este largo destino de mirarse las manos hasta envejecer.

Olga Orozco

La mala suerte

Alguien marcó en mis manos,
tal vez hasta en la sombra de mis manos,
el signo avieso de los elegidos por los sicarios de la
desventura.
Su tienda es mi morada.
Envuelta estoy en la sombría lona de unas alas que caen
y que caen
llevando la distancia dondequiera que vaya,
sin acertar jamás con ningún paraíso a la medida de
mis tentaciones,
con ningún episodio que se asemeje a mi aventura.
Nada. Antros donde no cabe ni siquiera el perfume de
la perduración,
encierros atestados de mariposas negras, de cuervos y
de anguilas,
agujeros por los que se evapora la luz del universo.
Faltan siempre peldaños para llegar y siempre sobran
emboscadas y ausencias.
No, no es un guante de seda este destino.
No se adapta al relieve de mis huesos ni a la
temperatura de mi piel,
y nada valen trampas ni exorcismos,
ni las maquinaciones del azar ni las jugadas del empeño.
No hay apuesta posible para mí.
Mi lugar está enfrente del sol que se desvía o de la isla
que se aleja.
¿No huye acaso el piso con mis precarios bienes?
¿No se transforma en lobo cualquier puerta?
¿No vuelan en bandadas azules mis amigos y se trueca
en carbón el oro que yo toco?
¿Qué más puedo esperar que estos prodigios?
Cuando arrojo mis redes no recojo más que vasijas rotas,
perros muertos, asombrosos desechos,
igual que el pobrecito pescador al comenzar la noche
fantástica del cuento.
Pero no hay desenlace con aplausos y palmas para mí.
¿No era heroico perder? ¿No era intenso el peligro? ¿No era
bella la arena?
Entre mi amado y yo siempre hubo una espada;
justo en medio de la pasión el filo helado, el fulgor
venenoso
que anunciaba traiciones y alumbraba la herida en el final
de la novela.
Arena, sólo arena, en el fondo de todos los ojos que
me vieron.
¿Y ahora con qué lágrimas sazonaré mi sal,
con qué fuego de fiebres consteladas encenderé mi vino?
Si el bien perdido es lo ganado, mis posesiones son
incalculables.
Pero cada posible desdicha es como un vértigo,
una provocación que la insaciable realidad acepta,
más tarde o más temprano.
Más tarde o más temprano,
estoy aquí para que mi temor se cumpla.

Olga Orozco

Soledades

Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

Mario Benedetti

Vinieron por el hueco

vinieron luego por la pared y los clavos

se llevaron ladrillo tras ladrillo

se llevaron los goznes

desmantelaron todo:

a pisotadas demolieron la escalera,

a puñetazos acabaron con los vidrios,

arrasaron con todo,

chamuscaron el pasto, pisotearon

tristísimos huesitos de paloma;

se llevaron el frío, se llevaron las últimas botellas,

se llevaron incluso la pared de enfrente,

se llevaron la cama y el montón de yerbas,

se llevaron la mesa y su montón de escombros,

se llevaron incluso los escombros,

arrasaron;

arremetieron después contra el silencio,

un gritadal dejaron en vez de aquel silencio,

deshilacharon más después mis alambradas,

sépase a mis puitas qué le hicieron,

pateáronme después mi fiel madero, mi astilla de querencias,

la dolorida armazón de donde cuelgan mis colgajos,

heláronme la voz heláronme la brasa,

se llevaron en fin, finada, a mi hosca huesa,

me llevaron a mí, me quedé solo,

di un traspiés, caí, caí hasta el fondo,

allí me derrumbé, me hice de herrumbre,

me puse a masticar mi triste hilacha,

pensé en llevar a hojalatear mis cuarteaduras

mejor me desistí, me eché un requiéscat,

un trago de mezcal,

cavé mi hueco

crepité

-concluye todo.

Max Rojas

Gansos salvajes

No tienes que ser buena.
No tienes que atravesar el desierto
de rodillas, arrepintiéndote.
Solo tienes que dejar que ese delicado animal

que es tu cuerpo ame lo que ama.

Cuéntame tu desesperación y te contaré la mía.
Mientras tanto, el mundo sigue.
Mientras tanto, el sol y los guijarros cristalinos

de la lluvia avanzan por los paisajes,
las praderas y los árboles frondosos, las montañas y los ríos.
Mientras tanto, los gansos salvajes, que vuelan alto
en el aire azul y puro,
vuelven nuevamente a casa.

Seas quien seas, por muy sola que te sientas
el mundo se ofrece a tu imaginación,
y te llama, como los gansos salvajes, chillando con excitación

— anunciando una y otra vez
tu lugar en la familia de las cosas.

Mary Oliver

soy

la muchacha mala de la historia,

la que fornicó con tres hombres

y le sacó cuernos a su marido.

soy la mujer

que lo engaño cotidianamente

por un miserable plato de lentejas,

la que le quitó lentamente su ropaje de bondad

hasta convertirlo en una piedra

negra y estéril

soy la mujer que lo castró

con infinitos gestos de ternura

y gemidos falsos en la cama

soy

la muchacha mala de la historia.

María Emilia Cornejo

Elvira de Alvear

Todas las cosas tuvo y lentamente

todas la abandonaron. La hemos visto

armada de belleza. La mañana

y el claro mediodía le mostraron,

desde su cumbre, los hermosos reinos

de la tierra. La tarde fue borrándolos.

El favor de los astros (la infinita

y ubicua red de causas) le había dado

la fortuna, que anula las distancias

Como el tapiz del árabe, y confunde

deseo y posesión, y el don del verso,

que transforma las penas verdaderas

en una música, un rumor y un símbolo,

y el fervor, y en la sangre la batalla

de Ituzaingó y el peso de laureles,

y el goce de perderse en el errante

río del tiempo (río y laberinto)

y en los lentos colores de las tardes.

Todas las cosas la dejaron, menos

una. La generosa cortesía

la acompañó hasta el fin de su jornada,

más allá del delirio y del eclipse,

de un modo casi angélico. De Elvira

lo primero que vi, hace tantos años,

fue la sonrisa y es también lo último

Jorge Luis Borges

José Manuel Castañón había sido capitán en la guerra española. Peleando por Franco habÌa perdido una mano y había ganado algunas medallas.

Una noche, poco después de la guerra, el capitán descubrió, por casualidad, un libro prohibido. Se asomó, leyó un verso, leyó dos versos, y ya no pudo desprenderse. El capitán Castañón, héroe del ejército vencedor, pasó toda la noche en vela, atrapado, leyendo y releyendo a César Vallejo, poeta de los vencidos. Y al amanecer de esa noche, renunció al ejército y se negó a cobrar ni una peseta más del gobierno de Franco.

Después, lo metieron preso; y se fue al exilio.

Eduardo Galeano

entro lentamente por tus venas

hasta inundar

todos los rincones de tu cuerpo

rescato tu nombre milenario

en cada arteria

te pierdo y me encuentro

en la profundidad de tu mirada

sin compañía alguna

invado tus pulmones

y vivo

y me creo

con el aire que respiras

avanzo por debajo de tu piel

y organizo con exactitud

el metabolismo de tus penas

y tu cuerpo se convierte

en la zona sagrada de mi vida.

sin embargo,

hoy es mañana

y mañana será nunca

María Emilia Cornejo

Definición del amor

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Francisco de Quevedo

Una mujer muy especial

Greta mira el conducto del ventilador porque le recuerda a las hélices del barco donde trabajó de 1962 a 1965. Fue cocinera en un barco de vela que se dedicaba a trasportar productos ilegales escondidos en zapatos por todo el Atlántico. Dice que le gustaba la sensación de estar en medio del mar y saber que su vida valía lo mismo que la de un pez. La sensación de ser nada. No te des demasiada importancia. Dice que todos los tripulantes de ese barco de vela estaban total y absolutamente pinzados y locos y se mataban los unos a los otros y tiraban los cuerpos al mar. Dice que cantaban fados portugueses y la alababan por la comida que cocinaba. Dice que dormía abrazada a un perro que era igual que el de La Sirenita y también dice que está segura de que las sirenas existen. Dice que mi cara es igual que la de uno de los tipos que trabajaba con ella que era tuerto y no tenía dientes y tenía una cicatriz que iba desde la nariz hasta la sien. Dice que en realidad no sabe muy bien si lo que cuenta es real porque ha distorsionado sus recuerdos y su cabeza ha inventado cosas y ha terminado creyéndoselas. Greta la pirata. Greta la zombi. Greta la economista. Greta la esquinera. Greta la cajera de supermercado. Greta la vampira. Greta la stripper. Greta la locutora de radio. Greta que mira hipnotizada el movimiento automático y perenne del conducto de ventilador porque le recuerda al de las hélices o los delfines. Greta la que ya no cree en nada porque pasó demasiado tiempo creyendo en mentiras. Greta Böfög, nacida bajo el erróneo nombre de Marco Böfög. Una mujer muy especial.

Laura Chivite

Retorno

Has muerto tantas veces; nos hemos despedido
en cada muelle,
en cada andén de los desgarramientos,
amor mío, y regresas
con otra faz de flor recién abierta
que no te reconozco hasta que palpo
dentro de mí la antigua cicatriz
en la que deletreo arduamente tu nombre.

Rosario Castellanos