Gansos salvajes

No tienes que ser buena.
No tienes que atravesar el desierto
de rodillas, arrepintiéndote.
Solo tienes que dejar que ese delicado animal

que es tu cuerpo ame lo que ama.

Cuéntame tu desesperación y te contaré la mía.
Mientras tanto, el mundo sigue.
Mientras tanto, el sol y los guijarros cristalinos

de la lluvia avanzan por los paisajes,
las praderas y los árboles frondosos, las montañas y los ríos.
Mientras tanto, los gansos salvajes, que vuelan alto
en el aire azul y puro,
vuelven nuevamente a casa.

Seas quien seas, por muy sola que te sientas
el mundo se ofrece a tu imaginación,
y te llama, como los gansos salvajes, chillando con excitación

— anunciando una y otra vez
tu lugar en la familia de las cosas.

Mary Oliver

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El viaje

Un día finalmente supiste
lo que debías hacer, y comenzaste,
aunque las voces a tu alrededor
continuaban gritando
su mal consejo,
aunque la casa entera
comenzó a temblar
y sentiste el viejo tirón
en tus tobillos.
“Enmienda mi vida”
cada voz gritó.
Pero no te detuviste.
Supiste lo que tenías que hacer,
aunque el viento acechó
con sus dedos ateridos
los mismos cimientos,
aunque su melancolía
era terrible.
Ya era tarde
suficientemente, y una noche salvaje
y el camino repleto de caídas
piedras y ramas.
Pero poco a poco,
en tanto dejabas sus voces atrás,
las estrellas comenzaron a arder
a través de láminas de nubes,
y hubo una nueva voz
que lentamente
reconociste como tuya,
que te hizo compañía
mientras cruzabas a zancadas
más y más profundamente
el mundo,
determinada a hacer
la única cosa que podías hacer,
determinada a salvar
la única vida que podías salvar.

Mary Oliver