Me besaba mucho

Me besaba mucho; como si temiera
irse muy temprano… Su cariño era
inquieto, nervioso. Yo no comprendía
tan febril premura. Mi intención grosera
nunca vio muy lejos… ¡Ella presentía!

Ella presentía que era corto el plazo,
que la vela herida por el latigazo
del viento, aguardaba ya…, y en su ansiedad
quería dejarme su alma en cada abrazo,
poner en sus besos una eternidad.

Amado Nervo

El sello personal

Éstos son mis dos pies, mi error de nacimiento,
mi condena visible a volver a caer una vez más bajo
las implacables ruedas del zodíaco,
si no logran volar.
No son bases del templo ni piedras del hogar.
Apenas si dos pies, anfibios, enigmáticos,
remotos como dos serafines mutilados por la
desgarradura del camino.
Son mi pies para el paso,
paso a paso sobre todos los muertos,
remontando la muerte con punta y con talón,
cautivos en la jaula de esta noche que debo atravesar
y corre junto a mí.
Pies sobre brasas, pies sobre cuchillos,
marcados por el hierro de los diez mandamientos:
dos mártires anónimos tenaces en partir,
dispuestos a golpear en las cerradas puertas del planeta
y a dejar su señal de polvo y obediencia como una
huella más,
apenas descifrable entre los remolinos que barren
el umbral.
Pies dueños de la tierra,
pies de horizonte que huye,
pulidos como joyas al aliento del sol y al roce del
guijarro:
dos pródigos radiantes royendo mi porvenir en los
huesos del presente,
dispersando al pasar los rastros de ese reino prometido
que cambia de lugar y se escurre debajo de la hierba
a medida que avanzo.
¡Qué instrumentos inaptos para salir y para entrar!
Y ninguna evidencia, ningún sello de predestinación
bajo mis pies,
después de tantos viajes a la misma frontera.
Nada más que este abismo entre los dos,
esta ausencia inminente que me arrebata siempre hacia
adelante,
y este soplo de encuentro y desencuentro sobre cada
pisada.
¡Condición prodigiosa y miserable!
He caído en la trampa de estos pies
como un rehén del cielo o del infierno que se interroga
en vano por su especie,
que no entiende sus huesos ni su piel,
ni esta perseverancia de coleóptero solo,
ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno
retorno.
¿Y a dónde va este ser inmenso, legendario, increíble,
que despliega su vivo laberinto como una pesadilla,
aquí, todavía de pie,
sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del
diluvio?

Olga Orozco

Di tú por mí, silencio

No era hoy un día de palabras,

Intentos de poemas o discursos,

Ni ningún camino era nuestro.

Para decirnos bastaba un acto sólo,

Y ya que en las palabras no me salvo,

Di tú por mí, silencio, lo que no puedo.

José Saramago

Presencia de otoño

Debí decir te amo.
Pero estaba el otoño haciendo señas,
clavándome sus puertas en el alma.

Amada, tú, recíbelo.
Vete por él, transporta tu dulzura
por su dulzura madre.
Vete por él, por él, otoño duro,
otoño suave en quien reclino mi aire.

Vete por él, amada.
No soy yo el que te ama este minuto.
Es él en mí, su invento.
Un lento asesinato de ternura.

Juan Gelman

En la brecha

Entro al campo y apago el motor.

Es fácil: simplemente no sé
cómo amar a un hombre

con gentileza. La ternura
es algo que te meten

a golpes. Luciérnagas

ensartadas

a través del aire de zafiro.

Estás tan callado que casi eres

el día de mañana.

El cuerpo fue hecho suave
para librarnos

de la soledad.
Tú dijiste eso

como si el auto se estuviera

llenando de agua dulce.

No te preocupes.
No hay agua.

Solo tu ojos

cerrándose.
Mi lengua

sobre tu esternón.
Pequeños pelos negros

como las piernas
de insectos desaparecidos.

Nunca quise

la carne.
Que nunca fracasa

en fracasar
con tanta precisión.

Pero qué tal si atravesara la piel
esta delgada página

de cualquier forma
y encontrara que el corazón

no es del tamaño de un puño
sino el de tu boca abriéndose

con la amplitud
de Jerusalem. ¿Entonces qué?

Amar a otro
hombre es no dejar

a nadie atrás

que me perdone.

No quiero dejar
a nadie atrás.

Quiero poseer
y ser poseído.

Así como el campo convierte
sus secretos

en peonías.

Así como la luz
conserva su sombra

al engullirla.

Ocean Vuong