Si el muro fuera de piedra y no de aire,
si a través del muro no se tocaran los árboles,
si las altas rejas de sombra que te rasgan el alma
fueran la sombra de rejas reales que se pueden tocar
si recordaras el ruido de una puerta que se cierra
a tus espaldas y el tintineo de las llaves
del cinturón del carcelero que se aleja:
¡Cuánto alivio tendrías en el horror!
Porque lo que se cierra puede volver a abrirse,
la roca más imponente puede ser destruida.
Pero donde estás no hay puerta, y ninguna puerta se abrirá.
Y no hay muro: ningún muro será abatido.
Las rejas de la sombra son las rejas verdaderas,
no serán arrancadas.
Tú limitas con el aire,
tocas los árboles, coges las flores, eres libre,
y tú misma eres tu propia prisión que camina.

Marguerita Giudacci