Se sentó, vio una formación indefinida en la
pared, cerró los ojos.

Entran marcando el paso, del brazo (cuatro)
tres hileras, las viudas
de costado, los muertos
en una postura
inverosímil, y una
última descendencia
todavía inquieta.

La blancura de la pared ya no contrasta, tampoco
contradice la ropa
oscura de luto
innecesaria, lo
alzan, la mesa
(cuatro) puntales
sostiene un rostro
lívido, un cuerpo
exangüe, qué es
la muerte sino
dejadez: se abre
de perfil en dos,
decúbito supino
se oye el golpe
(chasco) de una
final frecuencia,
su descomposición
levadura: lo alejan
acicalado, descalzo
(tributo último de su
carne) el bello olor
fecal de la tierra
mojada (animada)
cumplirá su función.

En la pared la huella de un aleteo, la cal desprenderse
de la carne, morir las
superficies: aparecer
el Rostro del indefinido
y boca abajo, acto de
servidumbre agitarse
los terrones.

José Kozer

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