Verano

En los espejos polvorientos del verano ha caído la sombra

Giuseppe Ungaretti

III
Apenas te he visto ayer,
apenas ayer he mirado tus ojos.
No conozco tu nombre.
Pero quien quiera que tú seas
– casi podría decirlo-
yo te amo.

V
Para construirte
bastaría volver la mirada
a un jardín oscuro y húmedo
– hiedra osada al muro,
entrelazados ocres y violetas -,
bastaría danzar en el borde de un abismo.

VI
El territorio, tu cuerpo.
Y sea mi tiempo
la duración de tu caricia.

VIII
Contando las horas de la noche,
viendo brillar interminable
la lluvia entre los pinos.
Triste niña, amiga de estas cosas.
Perdida niña.
Te creía sepultada para siempre.

IX
Algunas veces
el viento va arrastrando cierta voz.
Pasa, mueve sólo los cabellos, las hojas
o deslava la sonrisa.

Hoy trajo el viento
una intensa voz de soledad.

XII
Hay un solo silencio que me habita.
En cuerpo y alma.
De dimensión mayor que tus palabras.

XVI
A dónde ir
si en cada sonido,
si detrás de todos los momentos
del día
dejaste algo.

XIX
Si tú te vas,
– amor, que no suceda-
que algo venga a mí
más fuerte que tu imagen,
venga a mí
algo parecido a la muerte.

XXI
Cae el desamparo azul de la mañana.
Qué hacer de tanto caminar a solas,
de tanto extraviar pisadas y palabras.

XXVI
Tendida
exhausta
sin más que el aire
sobre mi cuerpo fugitivo

XXVIII
Blancas, sábanas quietas
sobre el cuerpo desnudo.
Amanece.
Es tu nombre un estremecimiento
y amarte vuelve a ser
una larga costumbre.

XXIX
Al pie de un eucalipto,
lecho de hierba y polvo,
fuimos
todo el fuego del sol
en un instante.

Elsa Cross

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