XIX

soy oficialmente de sus incendios
sábado merodeador
que no se asusta ni grita

viajo en sombra
recorro los techos de sus pesadillas
mi palabra no logra detenerse

ando de cicatriz en cicatriz
buscando algo que nos duela

Jaqueline Goldberg

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Pertenezco
a una raza de mujeres
que se destruyen
a medianoche

insinúan perfiles
voces rasgadas

son ellas
las que poseen
el triste prestigio
de abandonarse
a la caída
ellas
las que saben de tiempos
que no necesitan
nombrarse

agotarse

olvidarse

Jacqueline Goldberg

Poética

De pronto la boca del poeta se cuaja de larvas.
Tanta es su levedad.

Hay que extraerlas una a una,
para que el poema revierta su cauce,
para la vorágine de las calmas heridas.

Han sido muchos los gritos acuclillados,
la índole curva de las exequias.

La frente queda en tierra.
La felicidad es una filiación no tan diurna.

Al enraizar el último fortunio,
habrá que talar el poema que obligue,
como diente, trance voraz.

El poema crecerá en su propio perdón.
Dirá cruces, empefios, viajes. A ras de cierta esclavitud.

¿Y el dolor?
¿Habrá que recuperarlo para que el libro crezca en el libro?
¿Para los tajos de la futura lágrima?

Volver a escribir es ser triste y pretérito,
abundante hasta el fin

Jacqueline Goldberg