La noche como harapo asfixiando mi cuerpo

Me intranquiliza la negrura de cielos y océanos
la mudez de estas paredes durmientes.

Intento tocar el error de mi sangre.
Qué peligrosa, la noche. Cuánta infinitud.

La noche, qué desértica. Cuánto espacio para caer.

¿Cómo se elimina lo errado? ¿Cómo se dirige
esta orquesta de violines violas y violonchelos
desafinados que me dañan? ¿Cómo se abandona?

Sandra Martínez

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