Claro de luna

Llevaban una vida feliz. Estaban educadas para no salir de este ámbito de felicidad por mucho que aprendieran. Quizá por tener unos padres cariñosos. Pero no conocían la verdadera alegría. Las personas no pueden elegir lo que es mejor. Cada uno está hecho para vivir su propia vida. La felicidad es vivir sintiendo, lo menos posible, que el hombre, en realidad, está solo.

Pero yo también creo que eso está bien. Sonreirán como una flor con el delantal puesto, aprenderán a cocinar, se enamorarán, atormentándose o desorientándose, y se casarán. Eso, creo que es magnífico. Es bonito y dulce. A mí me repugna mi vida, mi nacimiento, el ambiente en el que he crecido, todo, en especial cuando estoy muy cansada, cuando me salen granos en la cara o me siento sola, o cuando llamo a mis amigos y no están. Acabo arrepintiéndome de todo.

Pero en la cocina, aquel verano tan, tan feliz…

No tenía ningún miedo de cortarme ni de quemarme, y no me importaba pasar la noche en vela.

Cada día temblaba de emoción al poder luchar de nuevo cuando llegara la luz. Un pedazo de mi alma quedó con aquel pastel de zanahoria que preparé tantas veces que casi aprendí a hacer de memoria, y hubiera arriesgado mi vida por conseguir aquellos tomates tan rojos que encontré en el supermercado.

Así conocí las cosas agradables y ya no pude volver atrás.

Quiero seguir sintiendo a toda costa que algún día he de morir. De otro modo, no sentiría que estoy viviendo. Por eso, mi vida es así.

Suspiro con alivio al salir a la carretera nacional después de andar por el borde de un precipicio en la oscuridad. Conozco la belleza del claro de luna que penetra en mi corazón, y contemplándola pienso: «Ya basta».

Kitchen (Fragmento)

Banana Yoshimoto

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En cuanto se cerró la puerta y me quedé sola, me di cuenta de que estaba muy cansada. La habitación estaba tan silenciosa que no se sentía el tiempo que marcaban los segundos. Reinaba una atmósfera inmóvil que me hacía sentir culpable de que sólo yo viviera y me moviese.

Una habitación siempre es así después de que alguien haya muerto.

Hundida en el sofá, miraba distraídamente cómo el gris de principios de invierno cubría las calles al otro lado del ventanal.

Pensé que no podía soportar el aire frío y pesado del invierno que se filtraba como una niebla por parques y calles, por todos los lugares de aquel pequeño barrio. Me sentía aplastada. No podía respirar.

Los grandes hombres, sólo con existir, emiten una luz que ilumina a quienes están a su alrededor. Y cuando esta luz se apaga proyecta una sombra pesada, irremediable. Quizá fuera una grandeza pequeña, pero Eriko estuvo aquí y luego desapareció.

Al tenderme en el sofá, recordé lánguidamente que el techo blanco me había salvado. Justo después de morir mi abuela, lo contemplaba a menudo por las tardes, cuando no estaban ni Yûichi ni Eriko.

Sí, mi abuela murió, perdí a la única persona de mi sangre y pensé que no tenía sentido. Estaba convencida de que no podía haber cosa más absurda que ésa, pero sucedió algo aún peor. Eriko fue para mí un ser gigantesco.

Aunque sea cierto que la buena y la mala suerte existen, depender de ellas es una actitud muy cómoda. Sin embargo, aunque pensara así, mi dolor no disminuiría. Desde que me di cuenta de esto, me convertí en una adulta repugnante capaz de compaginar las cosas más absurdas con las de todos los días. Pero me hizo la vida más fácil.

Justamente por eso me pesaba tanto el corazón.

Kitchen (Fragmento)

Banana Yoshimoto

La cocina

Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la
cocina, no importa de quién ni cómo sea, o en cualquier sitio donde se haga
comida, no sufro. Si es posible, prefiero que sea funcional y que esté muy
usada. Con los trapos secos y limpios, y los azulejos blancos y brillantes.
Incluso las cocinas sucísimas me encantan.
Aunque haya restos de verduras esparcidos por el suelo y esté tan sucio
que la suela de las zapatillas quede ennegrecida, si la cocina es muy
grande, me gusta. Si allí se yergue una nevera enorme, llena de comida
como para pasar un invierno, me gusta apoyarme en su puerta plateada.
Cuando levanto los ojos de la cocina de gas grasienta y del cuchillo
oxidado, en la ventana brillan estrellas solitarias.
Sólo estamos la cocina y yo. Pero creo que es mejor que pensar que en
este mundo estoy yo sola.
Cuando estoy agotada suelo quedarme absorta. Cuando llegue el
momento, quiero morir en la cocina. Sola en un lugar frío, o junto a alguien
en un lugar cálido, me gustaría ver claramente mi muerte sin sentir miedo.
Creo que me gustaría que fuese en la cocina.

Kitchen (Fragmento)

Banana Yoshimoto