Quiero hablar con Dios a diario

Quiero hablar con las estrellas en la azotea de mi casa
Que es mi cabeza reventada de felicidad
Quiero bailar con la luna y con el sol, con su llamas flameando sobre mi cuerpo al paso de un jazz ácido, los dos, los tres, miles de luciérnagas de ojos rojos, danzar hasta el amanecer en la azotea que es mi cabeza
En mi habitación que es un rascacielos
Una habitación que es una montaña una habitación que es la cima del mundo y allí perderme en el sentido maravilloso de la creación
Y beber con dios
Decirle tantas cosas
Y a las estrellas pedirles más años de vida
Porque este baile de fuego lento se aviva con el paso del tiempo
Y sólo quisiera besarte a oscuras
De cara a la luz
bajo el cielo que nos vio
Ese cielo
Bajo el cual reímos y fuimos felices
Quisiera otra oportunidad para hacer las cosas bien
Errar menos
Perder menos tiempo en tratar de cambiar
Las cosas son así y no pueden ser de otro modo
Quisiera tu voz donde estés, de dónde vienes
Quisiera hablar contigo y decirte para empezar a bailar
Y que olvides
Y perdones
Tanto errar humano
Tanta falta de humanidad
Salir a bailar
Invitarte a embriagarnos
Y una vez en la calle
Decirte al oído
“Qué hermosa es la vida”
Una vez en la calle
Partirás como todo
Déjanos con vida
Fuimos honestos y claros
Fuimos los que luchamos a pesar del mundo en contra
A pesar de todo
Quiero bailar contigo, insultarte, escupirte y luego amarte
Oh dios-diablo!, somos ínfimos
Y cuánto te agradezco.

Verónica Cabanillas Samaniego