Luz en el desierto

Para dejar de amar,
se convirtió dudando
en su propio desierto.
Fue removiendo las arenas
y renunciando a las raíces
ya calcinadas y amarillas.
Para dejar de amar,
pintó la soledad de varios tonos,
y se salió a brillar
consigo misma.

Carmen Alardín

Anuncios

Miserere

Miserere
a los que ayer amamos
con toda la violencia
que no reconoció que al día siguiente
se desangrara un sol nuestro también.
Miserere
a los que no tuvimos un país
para brindarlo a los gorriones,
a los que no tuvimos mar para guardarlo
sobre los huecos de una caracola.
Miserere
a los que sin saberlo todo lo tuvimos
pero lo evaporamos en canciones.

Carmen Alardín

Estival

Cansada de contar la misma historia
se fundió en el verano.
Dejó de acariciar a las esferas
o alimentar el arco iris.
Guardó en el arca las semillas
que no cupieron en el surco.
Y se guardó a sí misma,
abanicando,
con un nuevo temblor
viejas ciudades.
Cesó al fin de buscarse entre las aguas
y hacer su juego al viento.
De sus venas pulsó la última cuerda
y entonces
comenzó a cantar.

Carmen Alardín

La trampa

Mirar
es privilegio de la vida.
Ahondar en tus pupilas
en el último
impacto del estanque.
Llegar hasta el secreto
del espejo,
reflejarse en el otro
desdoblarse,
repetirse de amor,
multiplicarse.
Mirar
es privilegio de la vida,
desbordarse,
salir del cauce
y atrapar la historia
hasta perderse en esa multitud
de monstruos que te atacan
sin tocarte.

Carmen Alardín

Para que las estrellas te recuerden

Para que las estrellas te recuerden,
colocaré tu imagen esta noche
mirando a la ventana;
para que llegue el tiempo de tus pasos,
haré que con tus ojos simplifiques
y enciendas las mañanas.
Llamaré con tus nombres a los días,
para que todos lleven los distintos
matices que despiden tus palabras.
Navegaré las horas río abajo,
hasta que por las playas del retorno
aparezca el velero de tu canto.
Y al padre olvido escribiré una carta,
diciendo que ya es tiempo, que descanse,
y esta vez deje libres nuestras almas.

Carmen Alardín

Llévame allá donde la fuente es fuente

Llévame allá donde la fuente es fuente,
no palabra o dolor que se renueva.
Llévame donde son nubes tus nubes
y no la vaguedad inalcanzable.
Llévame, te lo digo,
donde con la nostalgia de tus brisas
vuelve a nacer el mundo,
donde jamás se esconda entre la niebla
tu verdadero puerto.

Carmen Alardín

Sin palabras quiero guardarte

Sin palabras quiero guardarte,
sin memoria, sin espectros,
sin ningún más allá que nos pregunte,
sin ningún más acá que nos conteste.
Guardarte elemental y simplemente
como un poco de lluvia en el tejado,
o el caracol retiene, según cuentan,
el sonido del mar.

Carmen Alardín