Elvira de Alvear

Todas las cosas tuvo y lentamente

todas la abandonaron. La hemos visto

armada de belleza. La mañana

y el claro mediodía le mostraron,

desde su cumbre, los hermosos reinos

de la tierra. La tarde fue borrándolos.

El favor de los astros (la infinita

y ubicua red de causas) le había dado

la fortuna, que anula las distancias

Como el tapiz del árabe, y confunde

deseo y posesión, y el don del verso,

que transforma las penas verdaderas

en una música, un rumor y un símbolo,

y el fervor, y en la sangre la batalla

de Ituzaingó y el peso de laureles,

y el goce de perderse en el errante

río del tiempo (río y laberinto)

y en los lentos colores de las tardes.

Todas las cosas la dejaron, menos

una. La generosa cortesía

la acompañó hasta el fin de su jornada,

más allá del delirio y del eclipse,

de un modo casi angélico. De Elvira

lo primero que vi, hace tantos años,

fue la sonrisa y es también lo último

Jorge Luis Borges

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Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo…
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.

Jorge Luis Borges

Al que está solo

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna

ni los lentos jardines. Ya no hay

una luna que sea espejo del pasado,

cristal de la soledad, sol de agonía.

Adiós a las mutuas manos y las sienes

que acerca el amor. Hoy sólo tienes

la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)

sino lo que no tiene y no ha tenido

nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.

Un símbolo, una rosa, se desgarra,

y te puede matar una guitarra.

Jorge Luis Borges

Sábados

Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Esta en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti esta la delicia
como esta la crueldad en las espadas.

Agravando la reja esta la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.


que ayer solo eras toda hermosura
eres tambien todo amor, ahora.

Jorge Luis Borges