Aquí estudias el silencio

como si fuera una lengua extranjera.

Y si practicas bien

sabrás distinguir el dialecto

del día frente al marcado acento

de la noche.

Te aprendes los pájaros de memoria

y también la luz que trastoca

el sentido de la nada.

No podrás nunca expresarte

con naturalidad en esta lengua.

Pero te sorprenderá siempre su verdad.

Lees los árboles, las montañas en el original

Preguntas: “¿qué tengo yo que decir en esta lengua?”

El animal herido en lo más profundo de ti no contesta.

Guarda silencio.

Katerina Angelaki-Rooke