No hay palabras

Juan Luis Panero

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Según lo que dices

Todo está en la mente, dices, y no tiene
nada que ver con la felicidad. La llegada del frío,
la llegada del calor, la mente tiene todo el tiempo del mundo.

Tomas mi brazo y dices que algo va a pasar,
algo raro para lo que siempre estuvimos preparados,
como el sol llegando un día después en Asia,
como la luna partiendo después de pasar una noche con nosotros.

Mark Strand

Nuevo Manual de Poesía

1. Si un hombre entiende un poema
tendrá problemas.

2. Si un hombre vive con un poema,
morirá solitario.

3. Si un hombre vive con dos poemas,
le será infiel a uno.

4. Si un hombre concibe un poema,
tendrá un hijo menos.

5. Si un hombre concibe dos poemas
tendrá dos hijos menos.

6. Si un hombre lleva una corona mientras escribe,
lo van a descubrir.

7. Si un hombre no lleva corona mientras escribe,
sólo se engañará a sí mismo.

8. Si un hombre se enfada con un poema,
será despreciado por otros hombres.

9. Si un hombre continúa enfadado con un poema,
será despreciado por las mujeres.

10. Si un hombre denuncia públicamente a la poesía,
sus zapatos se llenarán de orines.

11. Si un hombre deja la poesía por el poder,
tendrá muchísimo poder.

12. Si un hombre alardea de su poesía,
será amado por los tontos.

13. Si un hombre alardea de su poesía y ama a los tontos,
no escribirá más.

14. Si un hombre reclama atención por sus poemas,
será como un burro en un claro de luna

15. Si un hombre escribe un poema y elogia el poema,
de un amigo
tendrá una amante hermosa.

16. Si un hombre escribe un poema y elogia demasiado el poema de
un amigo,
va a espantar a su amante.

17. Si un hombre reclama el poema de otro,
su corazón será dos veces más grande.

18. Si un hombre deja que sus poemas vayan desnudos,
le tendrá miedo a la muerte.

19. Si un hombre le teme a la muerte,
será salvado por sus poemas.

20. Si un hombre no le teme a la muerte,
puede que lo salven o no sus poemas.

21. Si un hombre termina un poema,
se bañará en la estela hueca de su pasión
y será besado por el papel blanco.

Mark Strand

Una elegía

En la época de mi madre
las mujeres eran probables.
Mi madre se sentaba junto a mi abuela
y las dos eran completamente de carne y hueso.

Yo soy apenas una secuela estable
de aquel exceso de realidad.

Y en la ansiedad del pasado indefinido,
en el aspecto durativo de elegir,
escribo ahora: una elegía.

En la época de mi madre
las mujeres eran perdurables,
completamente hueso y carne.
Mi madre se ponía el collar
de plata y de turquesas
que mi padre le había traído de Suecia
y se sentaba a la mesa como una especie exótica,
para que todo se volviera más grande que la vida,
y cualquier ficción fuera posible.

En la época de mi madre, las mujeres
eran un quid: mi madre nos contó
a mi hermano y a mí: «cuando salía de la escuela,
iba a buscar a mi padre al trabajo,
en Santa Fe, y los compañeros le decían es un biscuit,
tu hija es un biscuit, y nunca supe qué querían decir,
qué era un biscuit», un bizcocho estando muy enferma,
una porcelana exquisita todavía para nosotros,
y mi hermano apurándola: «¿Y?»

No sé qué es un biscuit, ¿una especie exótica.
algo de todos modos, especial? Igual
andaba delicadamente por la casa, rozando los ochenta
como se roza una herida
con una gasa.

En la época de mi madre
las mujeres eran muy visibles.
Mi madre se miraba en los espejos
y yo no llegaba a abarcar
su imagen con mis ojos. Me excedía,
la intuía a lo lejos como algo que se añora.

Como ahora,
una elegía.

A la criatura adorable
fijada en lo remoto de la foto,
que ya a los ocho años parecía
más grande que la vida: te extraño,
aunque no te conocía. Eso fue antes
que a mí me dieras vida
en un tamaño apenas natural.

Igual,
una elegía.

Y a la otra de la foto que espero
conservar, la mujer bella que sostiene
el libro ante la hija de un año
en el engaño de la lectura:
te quiero por lo que dura, y es suficiente
leer en el presente, aunque se haya apagado
tu estrella.

Por ella,
una elegía.

Ahora soy la fotografía
y vos el líquido revelador. Tu muerte
me convierte en yo: como una ciencia aplicada
soy la causa y el efecto,
el ensayo y el error, este vacío
de la nada que golpea el corazón
como cáscara vacía.

Una elegía,
cada vez con más razón

Mirta Rosenberg

Dicen

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

Rosalía de Castro