Ahora te sé, pues te recuerdo.
—Saber es recordar según el griego—.
Ahora sé más de ti que cuando estabas.
Ahora puedo medir lo que me deshabitas.
Ahora sé más de ti por lo que falta.
Te digo más, porque el silencio impera.
-Más resuena la bóveda
cuando más solitaria está la nave-.
Tus gestos sin soporte son tus gestos,
sin cejilla que ajuste los sonidos
suenas mejor a ti. Ahora te siento.
Desanudo el cordón del embalaje
a ver si hay algo más que nada dentro.
Las cosas distraían; las ideas,
los mundos, el sonido. Interferían
sombras que te alejaban, me alejaban.
Ellas sobrevolaban, tú me sobreentendías.
Quizás no como entonces, así estamos:
tú en mi memoria, acaso yo en la tuya.

Ahora te sé, por cuanto te recuerdo.

Pilar Paz Pasamar

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Hemos llevado juntos esta pena
como vaso de frágil porcelana.
Nos hemos arropado con el mismo
cobertor de tristeza. Hoy has cabido
dentro de un puño frío y apretado,
pero, a pesar de todo, te dormiste.
Eres hombre cabal hasta en el sueño.
Te duermes sin caer, sin derribarte,
te duermes como deben de dormirse
los cíclopes, los hércules, los dioses.
Los centauros, las fieras, así duermen.
Tienes el abandono de los grandes
y si el sueño te llega, tu victoria
la pregona las sombras y los mástiles.
Toda la tierra vela cuando duermes:
hombre, pecho de mar, párpado oscuro,
pan de trabajo, río de sudores,
hombre puro de cara a la fatiga
acosado de dientes y veranos.
Eres más hombre aún cuando se encierra
tu limpia forma de mirar la vida.
Hombre mío, cansado y solitario,
tenaz defendedor de pan y risas,
condenado al amor y al sufrimiento,
hombre, amor al que arrimo mi desvelo,
compañero de almohada y despertares.
Si tú has dormido al fin, también yo puedo,
y si tú velas, en amor yo velo.
Venga ya para mí un trozo de olvido,
tome mi pecho el ritmo de tu pecho.
No nos pudo la pena, y de tu mano
corrió la sombra y se apagó en mi río,
corrió el dolor y se agostó en mi vena,
me inundaste de sueño junto al tuyo
y me dormí junto a tus costillares.

Pilar Paz Pasamar

Sabes mi corazón como un camino
que hayas cruzado una y cien mil veces,
como el oficiador sabe sus preces.
Haces costumbre del Amor mi trino.

Te sabes de memoria mi destino,
y en su tierra te hundes o te creces,
cosa que no has ganado ni mereces
pero que quiero darte como un vino.

Sabes tanto que sabes que no puedo
llegarme a otra fuente que tu boca
y que no tengo libre la mirada.

Sabes que te prefiero y que concedo
todo lo que tu dulce mano invoca.
Que en ti está todo, y lo demás es nada.

Pilar Paz Pasamar