La sombra

Voy recorriendo calles con mi sombra
delante de los ojos; no es posible
que esta sombra me huela ya a difunto
a cuatro cirios y un adiós rotundo.
Voy tras mi sombra que se agita, tiembla
un instante después de yo agitarme
y me pregunto entonces: ¿es posible
que este “nada de tiempo” entre mi sombra
y mi sentir sea espectro de la muerte,
el último peldaño que aún me queda?

Julio Mariscal Montes

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El comedor

Aquí, junto a la puerta, se sentaba mi padre;
mi madre, enfrente, taciturna, lejos
y nosotros, los cinco hermanos, éramos
un de acá para allá, un disputarnos
el sitio más cercano o más distante…

Aquí, para el cocido de los jueves,
para el pan y el sosiego de toda la semana,
mi padre hablaba poco, un esbozar apenas
una media palabra que mi madre
solícita y distante completaba.
Y nosotros, un loco gorgear de jilgueros
comentando las clases, los paseos, el cine,
y la naranja viva, meridional y roja
como un punto y aparte a nuestras discusiones.

Ahora soy yo quien tiene
un sitio señalado, ya desaparecidas
las arrugas, las canas de mis padres,
bajo un lomo de piedra mis hermanos
o hacia otro comedor con nuevas luces.

Soy yo quien dice a medias las palabras
sin encontrar un dejo maternal que las clame,
soy yo quien lejos de todo lentamente
me anudo al corazón la servilleta,
esperando que un día, de un hachazo
ya la vida del todo se me vaya
como un punto y aparte a nuestras discusiones
de este comedor donde clavo mis recuerdos ahora.

Julio Mariscal Montes