Esta noche no importa la fabula o la historia, mucho menos el texto
porque las sirenas parecen gritar en otro idioma
y yo no puedo escupir tu ausencia.

No puedo deshacer tu nombre mas que separando cada vena de tus ojos,
cada madrugada que se esconde en tus pestañas
cada mañana que tus labios recuerdan al sol ardiendo sobre mi piel.

Enumero en un trozo de papel todo lo que no sabes de mí:
Mi comida favorita
los versos que he robado intencionalmente
los nombres de los gatos que algún día tendré
mi miedo a tener hijos
la saña con la que mis dedos se mueven en el teclado porque me gusta el sonido,
mis mentiras
las cicatrices que la neblina dejo sobre mis rodillas,
cómo intenté ocultarlas con hojas silvestres

Lo escribo porque vivo sola
y hace seis años que no me siento segura arriba de un árbol
para recordar que algún día el norte llenó mis pulmones,
ya no
porque mis lágrimas siempre son para otros muertos porque yo todavía no tengo propios.
Todavía no

Me haces volver atrás
cuando creí que ya no soportaba las postales de esa vida
tus labios apagan las brasas que germinan en mi vientre
aunque solo sepas apuntar al sur cuando pregunto dónde está mi casa

Esta noche es la primera vez que te escribo
porque yo nunca he escrito poemas de amor
y no pienso hacerlo
menos hoy que tengo la certeza de que te amo
(o quién sabe, quizá sólo sea otra de mis mentiras)

Elvira

no, hoy no tengo nada más. no hay más respuestas.

no.
no.
no.
no.
no.
cinco, como tu número favorito.

las manos se sueltan.
los ojos no se sueñan. todos los espejos se han fragmentado.

¿qué hay dentro de la nada?
¿dolor?
¿certeza?
¿olas?
¿islas?
¿olvido?
¿dios?
¿tu cuerpo?

«¿qué hay dentro de la nada?» vuelves a preguntar. tú risa, nada más, no queda nada más.

Elvira

no eches raíces en esquinas sin flores
no llores a la luna a medias
quema reliquias pero no dejes que su humo se oculte en tu pecho
canta (no cantes)
piérdete en los países que se forman entre las plantas de tus pies y el silencio
mírate
siembra margaritas en tu cuerpo
deja que la sinfonía de la ausencia te acune
que después de la neblina
es el norte y ningún otro

Elvira

Se oye un rítmico canto de fantasmas paridos por una madre sin gracia. Aparecen con el rechinido de la ventana. Atraviesan la puerta.
En la oscuridad una mujer llora, y la canción se escucha tan cerca; es la lluvia que golpea la ventana y hace llorar a la mujer. Un fantasma la toca. Traga su esencia y murmura, traga y murmura, se mueve al compás del agua, consolando a la mujer; que parece no tener consuelo mientras no pare esta lluvia.

aquí en vano se oculta el horizonte
aquí en vano llegan los cuervos de la nostalgia

florecen bayas dulces
dulces bayas envenenadas
engañan a la niña de vestidos blancos
al hombre que construye casas
sueños
a las mujeres de maíz

sonatas himnos de sangre y moho
vuelven a sonar carcomen
cuando otra vez
llamamos deslumbramiento
a los adioses que quedaron sueltos en el aire

y aquí seguimos
tan parecidos a los fantasmas
bajo nuestras inútiles moradas
de espejos y raíces añejas

escuchamos ese rumor
siempre verde contra el vidrio
canto para el silencio
para soñar que nacemos
para recordar que nadie nos prometió volver

guardamos los puñales
volvemos a oler el café en los ojos de los demás
no nos preguntamos sobre la muerte
sobre la paz
sobre nuestra agonía
sabemos que respiramos y esa es nuestra canción

Elvira