Pequeños milagros

Cuando dormían esos extraños en mi casa
nunca descansaba realmente ¿sabes?
lo pasaba bien pero después era raro
estar tan desnuda, tan cerca de alguien
que aún no me había hablado de su rutina
o de su forma pasar sin nadie un domingo.

A veces me imaginaba que podía ser un sonámbulo
que rompía mi cuello o se llevaba mis libros
entonces me mantenía alerta
no me entregaba ni al sueño ni al amor.

Ahora es diferente, tú y yo
hablamos por horas después de comer
de temas que no importan a nadie más
y eso me parece un pequeño milagro.

Como también es un milagro despertar
en medio de la noche, sentir el peso de la oscuridad
donde hemos permanecido quietos
entrelazando nuestras piernas como para estar muy seguros
de que el cuerpo del otro seguirá a nuestro lado
tibio y completo hasta la mañana siguiente.

Begoña Ugalde

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