XXIII

El amor nunca se va solo.
Se lleva con él
nuestro tiempo
y su intención.
Nos lleva.
Se lleva el agua
con todo
su manantial subterráneo
su rí­o
y hasta su océano.
No se lleva la flor
sino su olor
y su tierra.
Jamás se va solo
nos vamos con él.

Carolina Escobar Sarti