I

En estas horas de agoní­a
te devuelvo las llaves
de la puerta las del mutuo pasado
y del incurable porvenir.
Invoco a todos mis muertos
nuestros muertos
lo que se nos muere
y los ojos buscan más allá de la pared
más allá de la ventana y la nube
en ayuno de latidos y amaneceres
por si puede detener el minuto siguiente
la herida, la sangre
su dolor.

Carolina Escobar Sarti