Autobiografía

Cuando alguna vez hablaba de sí misma,
mi madre decía:
Mi vida fue triste y silenciosa,
y solía ir de puntillas.
Pero cuando me enfurecía
y daba alguna patada,
y tintineaban levemente en el anaquel
las tazas de mamá,
yo me reía.

En el momento en que nací
dicen que entró por la ventana una mariposa
y se posó sobre la colcha de la cama de mi madre,
pero en el aquel mismo momento aulló el perro en el patio.
Mi madre vio en ello
una señal nefasta.

Mi vida no ha sido verdaderamente tranquila
como la suya.
Pero si en los días presentes
la miro con nostalgia
como si se tratara de marcos vacíos
en un muro polvoriento,
fue maravillosa.

No puedo olvidar
muchos momentos
que fueron como flores luminosas
de todos los colores y matices
y los atardeceres llenos de perfume
que parecían racimos de uva negra
ocultos entre las hojas de la oscuridad.

Apasionadamente he leído poemas
y he amado la música
y me he perdido, siempre en el asombro,
de belleza en belleza.
Mas apenas vi por primera vez
la imagen de una mujer desnuda,
empecé a creer en los milagros.

La vida pasó deprisa.
Fue demasiado corta
para mis deseos
que no tenían fin.

Antes de que pudiera darme cuenta
se acercó el final de la vida.

La muerte abrirá pronto mi puerta de una patada
y entrará.
Del susto y el horror contendré entonces
el aliento
y se me olvidará respirar.

¡Ojalá no me niegue
poder aún besar las manos
de aquélla que pacientemente acompañó mis pasos
y anduvo, anduvo, anduvo,
y amó más que nadie!

Jaroslav Seifert

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