Un poema casi inventado

Te amé como un hombre ama a una mujer que no toca,
sólo le escribe y guarda pequeñas fotografías de ella.

Te habría amado más si me hubiera sentado en una
habitación armando un cigarrillo y oyéndote
hacer pis en el baño, pero eso no sucedió,
tus cartas se volvieron más tristes,
tus amantes te traicionaban, nena, te escribí,
todos los amantes traicionan, eso no ayudo.

Decías que tenías un banco de los lamentos y que estaba junto
a un puente y que el puente estaba sobre un río
y te sentabas en el banco de los lamentos cada noche
y llorabas por los amantes que te habían herido y olvidado”.

Charles Bukowski

Cartas a una desconocida

Cuando pasen los años, cuando pasen
los años y el aire haya cavado un foso
entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
y yo sólo sea un hombre que amó,
un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,
un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿dónde estarás tú? ¡Dónde
estarás, oh hija de mis besos!

Nicanor Parra

Ausencia

Ausencia
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un Sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges.