Poder tener en cada cuarto,

junto al interruptor de luz,

su opuesto;

decir: “Enciende la negrura amor”,

y dejarla encendida

toda la noche para despertar

a oscuras

y no saber qué noche nos arropa,

si la de todos, negra, o la otra,

igual o más negra, que encendimos

y no apagamos por olvido

o negritud de fondo;

y no saber si amanecer o no,

si ya dejar la cama o seguir íntimos,

o si prendimos la ceguera por error,

buscar su interruptor a tientas

y no encontrarlo y, despavoridos,

sentarnos en la orilla de la cama y esperar

alguna falla eléctrica

para recuperar la vista, el día y la casa.

Fabio Morábito

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