El desdichado

Yo soy el tenebroso —el viudo—, inconsolado,
Príncipe de Aquitania de la torre abolida;
mi sola estrella ha muerto —mi laúd constelado
sostiene el negro sol de la Melancolía.

En la noche del túmulo, tú que me has consolado,
Vuélveme el Posilipo, vuélveme el mar de Italia,
la flor amada por mi corazón desolado,
y el emparrado en que la vid se une a la rosa.

¿Soy amor o soy Febo?… ¿Lusignan o Byron?
Sonroja aún mi frente el beso de la reina;
soñé en la gruta donde nadaba la sirena…

Y vencedor dos veces yo crucé el Aqueronte;
Pulsando uno tras otro en la lira de Orfeo
las quejas de la santa y los gritos del hada.

Gérard de Nerval

No te enamores de personas como yo.
Las personas como yo te querrán tanto
que te convertirán en piedra,
en una estatua a la que la gente irá a maravillarse sobre cuánto
habrá llevado tallar esa mirada lejana en tus ojos.

No te enamores de personas como yo.
Te llevaremos a museos y parques y monumentos
y te besaremos en cada hermoso lugar
para que nunca puedas volver a ellos
sin saborearnos como sangre en la boca.

No te acerques más.
Las personas como yo somos bombas.
Cuando se acabe el tiempo, salpicaremos todas tus paredes
de colores furiosos que hacen que desees que tu puerta nunca aprendiera nuestro nombre.

No te enamores de personas como yo.
De las solitarias.
Olvidaremos nuestros propios nombres si significa aprender el tuyo.
Te haremos creer que los huracanes son apacibles,
que el dolor es un regalo.

Te perderás en la desesperación, en el anhelo
de algo que estás siempre alcanzando,
pero no eres capaz de mantener.

No te enamores de personas como yo.
Destruiremos tu apartamento.
Te lanzaremos disculpas que se romperán en el suelo y cortarán tus pies.

Nunca aprenderemos cómo ser suaves.
Nos iremos.
Siempre lo hacemos.

Caitlyn Siehl