El comedor

Aquí, junto a la puerta, se sentaba mi padre;
mi madre, enfrente, taciturna, lejos
y nosotros, los cinco hermanos, éramos
un de acá para allá, un disputarnos
el sitio más cercano o más distante…

Aquí, para el cocido de los jueves,
para el pan y el sosiego de toda la semana,
mi padre hablaba poco, un esbozar apenas
una media palabra que mi madre
solícita y distante completaba.
Y nosotros, un loco gorgear de jilgueros
comentando las clases, los paseos, el cine,
y la naranja viva, meridional y roja
como un punto y aparte a nuestras discusiones.

Ahora soy yo quien tiene
un sitio señalado, ya desaparecidas
las arrugas, las canas de mis padres,
bajo un lomo de piedra mis hermanos
o hacia otro comedor con nuevas luces.

Soy yo quien dice a medias las palabras
sin encontrar un dejo maternal que las clame,
soy yo quien lejos de todo lentamente
me anudo al corazón la servilleta,
esperando que un día, de un hachazo
ya la vida del todo se me vaya
como un punto y aparte a nuestras discusiones
de este comedor donde clavo mis recuerdos ahora.

Julio Mariscal Montes

Anuncios

así luego también detrás, donde el dolor
donde está la mujer que ya es mujer
abriendo las ciudades como las medicinas
sin pensar demasiado en lo que hace
en esa silla en esa manta en cuando se paró todo
y la lámpara iluminaba sombras de cuerpos que dolían en las paredes
el cuarto se hacía cada vez más pequeño
nada nos ayudaba a respirar mejor
ahí, detrás de la puerta, abriendo el día como una carta que hubiéramos querido que no llegara nunca
un nombre de mujer viaja en un avión lejos
muy lejos de este ahora

Isabel García Mellado