Puerto deportivo

Mi corazón era un muro de piedra
que tú de todas formas traspasaste.

Mi corazón era un jardín isleño
a punto de ser pisoteado por ti.

Tú no querías mi corazón;
tú ibas de camino a mi cuerpo.

Nada de eso fue mi culpa.
Lo eras todo para mí,
no sólo belleza y dinero.
Cuando hacíamos el amor
el gato se iba a otro cuarto.

Entonces me olvidaste.

No en vano
las piedras
se estremecían alrededor del jardín enmurallado:

no hay nada allí ahora
excepto ese salvajismo que la gente llama naturaleza,
el caos que se hace con todo.

Me llevaste a un lugar
donde llegué a ver la maldad en mi carácter
y me dejaste ahí.

El gato abandonado
gimotea en el dormitorio vacío.

 

Louise Glück

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