Suburban war

 

Arcade Fire

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ayer rompí a llorar
estaba vestida de rojo enfrente de un colegio
y veía miles de niños correr

con todos sus corazoncitos latiendo a la vez
y yo empecé a llorar
y nada podía detenerme lloraba y lloraba hipando

y mis ojos tenían churretes negros bajando por mis mejillas
y mi boca rojísima

me tragaba las lágrimas
y yo, agarrada a
un pañuelo blanco, diminuto, retorciéndolo entre mis manos blancas y escuálidas

sin poder apartar la vista
de todos aquellos corazones

cada risa de niño
me hacía llorar más y más

y se me inundaron los zapatos

una niña descalza
se me acercó con su cara de 10 años
y me dijo
“no te preocupes, no vas a necesitarlos” y yo quise acunarla
para que pudiera jugar
en lugar de cuidar de
extraños que lloran
enfrente de un colegio
pero sólo pude
seguir llorando
y darle, lentamente,
dulcemente, como si el mundo fuera azul y su cara oliera a pan recién hecho,
las gracias

Isabel García Mellado

 

Puerto deportivo

Mi corazón era un muro de piedra
que tú de todas formas traspasaste.

Mi corazón era un jardín isleño
a punto de ser pisoteado por ti.

Tú no querías mi corazón;
tú ibas de camino a mi cuerpo.

Nada de eso fue mi culpa.
Lo eras todo para mí,
no sólo belleza y dinero.
Cuando hacíamos el amor
el gato se iba a otro cuarto.

Entonces me olvidaste.

No en vano
las piedras
se estremecían alrededor del jardín enmurallado:

no hay nada allí ahora
excepto ese salvajismo que la gente llama naturaleza,
el caos que se hace con todo.

Me llevaste a un lugar
donde llegué a ver la maldad en mi carácter
y me dejaste ahí.

El gato abandonado
gimotea en el dormitorio vacío.

 

Louise Glück