Segunda juventud

Tenía que decírtelo: era todo mentira.

No era verdad que el tiempo que se va no regrese;
ni que uno sólo pueda ser joven una vez;
que mi destino fuera perseguir lo que escapa
y que tú no existías.

Todo fue un simple engaño.

No es cierto que se pueda ser feliz junto a alguien
que lo conoce todo de ti menos quién eres,
ni al lado del que jura que la suerte está echada
y tu número existe nada más que en sus dados.

Tenía que decírtelo.

Es falso que el amor sea un tren que se marcha.
Es falso que el pasado nos deje siempre atrás.
Las cuerdas que nos atan se sueltan si transformas
la mano que acaricia en la que dice adiós.

Tenías que saberlo.

No podía esperar
a escribir un poema en que te diese
las gracias
por salvarme
de mi vida.

 

Benjamín Prado

Yo a veces te extraño
—o eso creo —
y no sé si es a vos
o a esa sensación
de calidez
de hogar
de haber llegado a puerto seguro

¡Ay! sí me nacen ganas
irrefrenables
de quedarme ahí
cuatro minutos
o una tarde
hecha un ovillo
en tu regazo

María Ester Alonso