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Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
penas que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Miguel Hernández

El niño loco

Al niño loco de la casa de al lado
lo tenían atado. Por la noche le oíamos
aullar. Y yo le susurraba a mi almohada:
¡Gracias, Dios mío! Al menos yo estoy libre.

El niño loco ya no grita.
Sin embargo el grito me despierta
en las noches negras sin estrellas.
Así que no es el niño. Soy yo.

Inger Hagerup