Nada bueno…

Nada bueno me ha traído
ser paciente,
ceder el paso,
no engancharme en las cosas
que la lluvia pelea,
que la noche discute.

Nada bueno me ha traído no engancharme.
Creer que el verde, el blanco
y el rojo
me darían empleo y un seguro para gastos médicos
por si se necesitara (¡toco madera!).

De niño siempre quise crecer
para comprarle a mi madre un collar de perlas o brillantes
y pagarle con algo
el que me quisiera tantos años.
Pero el tiempo y el dinero
caminan por patios diferentes, se asoman
a balcones distintos, juegan en jardines separados,
se desconocen
siempre, o casi siempre.

Y uno termina por entender
que la paciencia
es cosa de arañas y de santos.

A. E. Quintero

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