La mujer de humo

Hombre que me besas,
hay humo en tus labios.
Hombre que me ciñes,
viento hay en tus brazos.

Cerraste el camino,
yo seguí de largo;
alzaste una torre,
yo seguí cantando…

Cavaste la tierra,
yo pasé despacio…

Levantaste un muro
¡Yo me fui volando!…

Tu tienes la flecha:
yo tengo el espacio;
tu mano es de acero
y mi pie es de raso…

Mano que sujeta,
pie que escapa blando…
¡Flecha que se tira!…
(El espacio es ancho…)

Soy lo que no queda
ni vuelve. Soy algo
que disuelto en todo
no está en ningún lado…

Me pierdo en lo oscuro,
me pierdo en lo claro,
en cada minuto
que pasa… En tus manos.

Humo que se crece,
humo fino y largo,
crecido y ya roto
sobre un cielo pálido…

Hombre que me besas,
tu beso es en vano…
Hombre que me cines:
¡Nada hay en tus brazos!

Dulce María Loynaz

La canción del amor olvidado

Para el amor más olvidado
cantaré esta canción:
No para el que humedece los ojos todavía…
Ni para el que hace ya
sonreír con un poco de emoción…
Canto para el amor sin llanto
y sin risa;
el que no tiene una rosa seca
ni unas cartas atadas con una cinta.
Sería algún amor de niño acaso…
Una plaza gris… Una nube… No sé…
Para el amor más olvidado cantaré.
Cantaré una canción
sin llamar, sin llorar, sin saber…
El nombre que no se recuerda
pudo tener dulzura:
Canción sin nombres
quiero cantarte
mientras la noche dura…
Cantar para el amor que ya no evocan
las flores con su olor
ni algún vals familiar…
Para el que no se esconde entre cada crepúsculo,
ni atisba ni persigue ni vuelve nunca más…
Para el amor más olvidado
-el más dulce…-,
el que no estoy segura de haber amado.

Dulce María Loynaz