Del frío que albergamos

Todo el temblor de mis manos y de mi corazón se debía
a que el amor ha de ser cobijo,
no un vuelo
un lugar de fuga

Ay amor, ay amor,
tu rostro azul no aparece.

*

Un frescor apaciguante en la llamarada de una herida,
no el incendio de una llama sobre el frío que albergamos.

Ay amor, ay amor,
tu encendido rostro no aparece.

*

Una fosca y tenue veladura en las presencias imaginarias
y un rincón de libertad en la fugacidad de la presencia,
una sombra
sobre la calma azul
y el verde de una hoja leve
en el árbol de Judea.

Ay amor, ay amor,
tu color mas nuestro
no aparece.

Ahmad Shamlou

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