Teresa Prats de Sarratea

Y ella no está y por más que hay sol y primaveras
es la verdad que soy más pobre que mendiga.
Aunque en febrero esponjándose las parvas en las eras,
el sol es menos sol y menos luz la espiga.

Era la mansa, la silenciosa, la escondida,
y de la carne sólo llevaba la apariencia;
pero cuando ella hablaba se hacía honda la vida
y el saberla en el mundo limpiaba la existencia.

Tenía aquellos ojos enormes que turbaran
como dos brechas trágicas del infinito. Pienso
que arriba donde se abren de nada se asombraron:
todo lo habían visto, lo mínimo y lo inmenso.

Estaba más cansada que el que marchase treinta
siglos por una estepa que el sol tremendo inunda.
Era todas las fuentes y se hallaba sedienta;
era también la fuente y estaba moribunda.

Yo no pregunto ahora si es lámpara o ceniza.
Como la sé gloriosa la canto sollozando;
pero lloro por mí, mezquina e indecisa,
que me mancho si caigo y que vacilo si ando.

Su huesa aroma más que esta acre primavera;
su rostro es el sereno del que por fin ha visto.
Sé que limpiase mi alma si hacia mí lo volviera;
sé que si abre los ojos me entrega entero a Cristo.

Gabriela Mistral

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