Estival

Cansada de contar la misma historia
se fundió en el verano.
Dejó de acariciar a las esferas
o alimentar el arco iris.
Guardó en el arca las semillas
que no cupieron en el surco.
Y se guardó a sí misma,
abanicando,
con un nuevo temblor
viejas ciudades.
Cesó al fin de buscarse entre las aguas
y hacer su juego al viento.
De sus venas pulsó la última cuerda
y entonces
comenzó a cantar.

Carmen Alardín

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