​- De acuerdo -dijo Showard-. De acuerdo. Primer principio: La realidad no existe. La construimos percibiendo estímulos del entorno, externo o interno, y haciendo valoraciones sobre el mismo. Todo el mundo percibe la materia, todo el mundo hace valoraciones, todo el mundo, por lo que sabemos, comprende lo suficiente para ir tirando, de manera que cuando digo «Pásame el café» sabéis qué es lo que tenéis que pasarme. Y eso es la realidad. Segundo principio: La gente se acostumbra a un cierto tipo de realidad y llega a esperarla, y, si lo que perciben no encaja en el grupo de valoraciones en las que todo el mundo está de acuerdo, entonces la cultura tiene que examinarla hasta que encaja… o la descarta.

– Duendes… -murmuró Beau St. Clair-. Ángeles.

– Sí. No están en el marco de valoraciones de la realidad de esta cultura, así que si son «reales» no los vemos, no los oímos, no los olemos, no los sentimos…, no los saboreamos. Si podéis soportar la idea de no-saborear a un ángel -se echó hacia atrás y cruzó las manos tras la cabeza, dejando que la navajita se bambolease-. Ahora, el tercer principio: Los seres humanos están formados para esperar ciertas clases de percepciones…, ahí es donde empiezan los problemas. Los científicos cognitivos nos dicen que, sea cual sea esa formación en los terrestres, está razonablemente cerca de como sea en los alienígenas humanoides, porque los cerebros y sistemas sensores son bastante similares, aunque algunos humanoides tengan tentáculos brotando de sus orejas y otros no. Y los lingüistas nos dicen que, como la formación es bastante parecida, se puede coger un sistema cerebro-más-sentidos que no esté aún fijado, digamos el de un bebé, y éste sí puede hacer manifestaciones sobre lo que percibe, aunque no esté en las reglas consensuadas. Los bebés no saben qué se les viene encima, y tienen que aprender. Y, si no es demasiado diferente de lo que están preparados para percibir, pueden conseguirlo. Pueden incluirlo en su realidad.

– Hasta ahora, nada -dijo Lanky-. Como dije.

– Cuarto principio -continuó Showard-: Incluso un bebé, aunque sea todavía nuevo a estas percepciones, no puede conseguirlo cuando se enfrenta a una percepción tan completamente diferente de la humanoide que no puede ser procesada, y mucho menos declararlo.

– Los bebés no hacen declaraciones -dijo Lanky, disgustado-. Mierda. Todo lo que pueden hacer es…

– Lanky -dijo Beau St. Clair-, te equivocas. No pueden expresar las palabras que tú expresarías, no pueden pronunciar las valoraciones… pero las hacen. Como: «Lo que veo es algo que he visto antes, así que miraré otra cosa que no he visto antes». Como: «Ese ruido es mi madre». Cosas así.

– Mierda -repitió Lanky-. Duendes y ángeles. Mierda de duendes y mierda de ángeles.

Estaban acostumbrados a Lanky Pugh. Continuaron a su pesar.

– Así que eso es lo que sabemos -dijo Showard-. Hay algo sobre la manera en que los alienígenas no humanoides perciben las cosas, algo sobre la «realidad» que componen de los estímulos, tan imposible que destroza a los bebés y destruye su sistema nervioso central permanentemente.

Lengua Materna (fragmento)

Suzette Haden Elgin

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s